Me doy permiso para…

Me doy permiso para separarme de personas que me maltraten, que me traten con brusquedad, presiones o violencia. No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres, pareja, hijos, de nadie.

Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento, fuera de mi vida.

Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.

No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.

Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso. Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme. Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.

Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas. No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente. No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.

Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable. No he nacido para ser la víctima de nadie.

Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.

Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración. Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.

Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio. No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior. Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.

Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia. Empiezo por reconocer mis valores, y el resto vendrá solo. No espero de fuera.

Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.

Decido no intentar absorber el exceso de información. Me permito no querer saberlo todo. Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.

Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo. Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy. Con lo que soy es más que suficiente. Y aún sobra.

Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico. No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer. Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.

Elijo lo que me da salud y vitalidad. Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de aceptar las elecciones de otros. No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales lo establezco yo.

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2 Respuestas a “Me doy permiso para…

  1. Me doy permiso para…
    Me doy permiso para separarme de personas que me maltraten, que me traten con brusquedad, presiones o violencia.
    No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres, pareja, hijos, de nadie Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento, fuera de mi vida.
    ¿ES ASÍ DE FÁCIL SEPARARSE DE PADRES, PAREJA O HIJOS?, DONDE ESTÁ EL LÍMITE ENTRE LA BRUSQUEDAD Y LA VIOLENCIA?. LA SEPARACIÓN DE LA PAREJA, AUNQUE NO FÁCIL ES LA QUE NORMALMENTE REALIZAMOS, PERO…. LOS HIJOS?, LOS PADRES? CREO QUE SIEMPRE VAMOS A ENCONTRAR UNA JUSTIFICACIÓN CUANDO ESTO SUCEDE Y PERDONAMOS HASTA 7 VECES 7
    Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás.
    Merezco también consideración y respeto.
    Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, A VECES DESPUÉS DE OBLIGARME, SALE TAN LINDA LA FIESTA QUE ESO SÓLO MERECE EL “ESFUERZO”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, MUCHAS VECES SI NO PONEMOS NOSOTROS EL CALORCITO EN EL HOGAR, NO HAY OTRO QUE LO HAGA, PIENSO QUE VALE LA PENA CALENTAR EL HOGAR YA QUE ES LA MANERA DE ESTABLECER LOS LAZOS DE AMOR EN LAS RELACIONES HUMANAS, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan, CREO QUE EL DIÁLOGO ES TAN IMPORTANTE!!! Y ES UNA COSTUMBRE QUE COMO HUMANIDAD HEMOS PERDIDO, CREO QUE VALE LA PENA INTENTARLO AUNQUE DEL OTRO LADO NO HAYA RESPUESTA
    No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado. A VECES HAY PERSONAS QUE PARA ESTAR ACOMPAÑADAS, AUNQUE SE AGOTEN ENTRETENIENDO, LO HACEN PARA OBTENER COMPAÑÍA, QUE DE OTRO MODO NO LO OBTIENEN
    Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso. Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme. Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.
    ÉSTOS COMENTARIOS ME SUENAN MUY PEDANTES, ESTOY DE ACUERDO QUE MI SER ES VALIOSO PERO A VECES DEBO AGOTARME EN EL INTENTO DE TENER A MI LADO A LA GENTE QUE QUIERO, AUNQUE NO ME VALOREN EN LA MEDIDA QUE YO CREO QUE LO DEBEN HACER.
    Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas. No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse.
    Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente. No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.
    Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable. No he nacido para ser la víctima de nadie.
    Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.
    Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración. Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.
    DEPENDE CUAL ES LA LLAMADA POR TELEFONO QUE ESTOY ESPERANDO O DE QUIEN ESPERO LA PALABRA AMABLE O EL GESTO DE CONSIDERACIÓN. ÉSTAS COSAS NO SON TAN CLARAS CUANDO VIVIMOS LA VIDA.
    Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio. No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior. Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.
    LO QUE VALGO Y LA ACEPTACIÓN DE LO QUE SOY SE OBTIENEN EN GRAN MEDIDA POR LAS CONSIDERACIONES Y APRECIACIONES DE LOS OTROS, ES TAN IMPORTANTE ÉSTA PARTE EXTERIOR COMO LA INTERIOR.
    Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia. Empiezo por reconocer mis valores, y el resto vendrá solo. No espero de fuera.
    Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.
    Decido no intentar absorber el exceso de información. Me permito no querer saberlo todo. Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.
    Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo. Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy. Con lo que soy es más que suficiente. Y aún sobra.
    Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.
    No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan,
    que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer.
    Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente
    no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no.
    Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “no”.
    Elijo lo que me da salud y vitalidad. Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de aceptar las elecciones de otros. No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.
    Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales lo establezco yo.

  2. creo que esas aclaraciones son validas y no están de mas , pero la clave es el punto medio tu lees y recapacitas nada es radical o terminal , o estricto a como esta escrito debes adecuarlo a la forma de vida , repito el punto medio una estabilidad saca lo mejor y aplicarlo a tu vida gracias .

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